Bon appétit amigos,

Encontré esta receta ojeando libros de pastelería y me pareció interesante la combinación de sabores e ingredientes y sobretodo porque se utiliza el aceite en vez de la mantequilla. Me encanta la mantequilla en los bizcochos pero también hay otro tipo de grasas más saludables que pueden hacer la misma función y a la vez eliminamos el problema para aquellas personas que no puedan tomar lácteos.

De la misma manera, al llevar esta receta un yogur entre sus ingredientes, para aquellas personas intolerantes a la lactosa es conveniente utilizar uno que sea sin lactosa.

De cualquier manera estos bizcochitos son ideales para la sobremesa, merienda etc… Y si preferís hacer un bizcocho más grande redondo, alargado… solo tener en cuenta el tiempo de horneado que tendrá que ser algo más largo (unos 10 minutos más). De muy fácil elaboración, es una receta ideal para cualquier persona que quiera hacerla.

 

Ingredientes:

200 gramos de harina

2 huevos

150 gramos de azúcar

100 gramos de aceite de girasol

125 gramos de yogur natural

1 cucharadita de levadura en polvo

1 cucharada de café líquido

1 cucharadita de vainilla

Una pizca de sal

Para el glaseado :

100 gramos de azúcar glas

Un poco de agua

1 cucharadita de café soluble

Como es una elaboración muy fácil y nos va a llevar poquito tiempo en hacerla, lo primero que hacemos en encender nuestro horno a 180 grados para que se vaya calentando.

En un bol ponemos los 2 huevos enteros junto al azúcar y vamos a emulsionarlos muy bien hasta que doblen de volumen y blanqueen. Añadimos el aceite, el yogur, la cucharada de café líquido y la cucharadita de vainilla y bartimos bien.

Por ultimo agregamos los ingredientes secos: la harina tamizada, la cucharadita de levadura en polvo y la pizca de sal. Mezclamos todo bien y eso es todo. Bien fácil, ¿verdad?

Horneamos a 180 grados durante unos 12-15 minutos. Si hacéis un bizcocho grande será unos 10 minutos más. En todo caso vigilarlo y cuando veis que están dorados, podéis pinchar un palito y ver si están ya hechos (tiene que salir seco).

Dejamos enfriar. Mientras, preparamos el glaseado – que por supuesto es opcional pero le da un sabor y dulzor único.

Mezclamos el azúcar glas con un poco de agua hasta conseguir una consistencia ni muy líquida ni muy dura y al final añadimos la cucharadita de café soluble.

Vertemos por encima en forma de hilo y dejamos secar un ratito.

 

Quedan buenísimos, esponjosos y muy ligeros.

 

Bon appétit mama

 

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